Producción de UGC para pauta e influencers del sector, medidos con enlace y código propios: coste por lead y por venta, no visualizaciones.
En pauta social, el creativo pesa más que la segmentación. Y lo que rinde casi nunca es la pieza de marca impecable: es alguien contando en cámara, con su cara y su acento, por qué usa una cosa. No porque sea más barato de producir, sino porque se parece a lo que la gente ya estaba viendo cuando le apareció tu anuncio.
El problema es que eso no se produce una vez. Un creativo se quema en semanas, y cuando se quema sube el coste por adquisición sin que nada más haya cambiado. Lo que hace falta no es un vídeo bueno: es un sistema que produzca muchos y sepa cuál funciona.
Con un enlace y un código propios desde el primer día, y con la misma vara que cualquier otro canal: coste por lead cualificado, coste por venta y qué pasa a los noventa días con los clientes que entraron por ahí. No con visualizaciones ni con engagement.
Esto molesta a parte del sector, y con razón: obliga a reconocer que una colaboración que generó mucha conversación no vendió nada. Preferimos saberlo en la segunda semana que en el cierre del trimestre.
No compramos seguidores ni trabajamos con perfiles cuya audiencia no cuadra al mirarla de cerca. No encargamos reseñas de alguien que no ha probado el producto. Y no firmamos campañas donde el creador no pueda decir lo que piensa de verdad: la credibilidad es justamente lo que estás alquilando, y se nota cuando no la hay.
En sectores regulados hay además un límite legal. En cripto, un creador que promete rentabilidades te crea un problema mayor que cualquier resultado que pueda traerte, y bajo el reglamento MiCA eso es responsabilidad de quien contrata la campaña, no suya.
Esto es la parte alta del sistema: alimenta la captación y se mide con la atribución que montamos en la última etapa. Sin esa medición, el gasto en creadores es el primero que se recorta en cuanto alguien pregunta qué trajo, porque es el que peor se defiende solo.