Un sistema editorial con IA dentro, no un generador de texto. Investigación propia, verificación antes de publicar y mantenimiento de lo que ya tienes.
Generar cien artículos con un modelo es trivial y no sirve de nada. Google lleva desde 2024 actuando contra el contenido producido en masa sin aportación propia, y los asistentes tampoco citan lo que no añade nada. El resultado habitual de una operación así es una web más grande, peor rastreada y con menos tráfico que antes.
El cuello de botella real nunca fue escribir. Era tener algo que decir, comprobarlo y mantenerlo al día. Ahí es donde la IA ayuda de verdad, y donde hace falta un proceso editorial para que ayude.
No hacemos producción masiva de páginas casi iguales para cubrir variantes de una búsqueda. Lo hemos visto fallar, y lo hemos visto fallar en esta misma web: un conjunto de páginas de ese tipo, publicadas años atrás, acabó diluyendo el rastreo del sitio entero. Las retiramos.
Tampoco firmamos contenido con IA como si fuera de una persona cuando el formato implica autoría real, ni publicamos opiniones de clientes que nadie ha dicho.
Tráfico orgánico y conversiones de las páginas trabajadas, posiciones de las búsquedas objetivo, páginas citadas por asistentes de IA, y coste por pieza publicada frente al proceso anterior. Comparamos siempre contra el mismo periodo del año anterior, no contra el mes pasado.
Llevamos años produciendo contenido en cuatro idiomas para sectores donde un error factual se paga caro. Esa es la razón de que el proceso tenga tantos controles: no son burocracia, son cicatrices.
Y usamos IA en todo el flujo, con nombre y apellidos: Claude y GPT para investigación, borrador y adaptación, y personas para decidir qué se dice, comprobarlo y responder por ello.