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Captación

Captación de inversores para plataformas de tokenización

La fuga casi nunca está en el tráfico: está entre el registro y la primera inversión. Ahí es donde trabajamos.

El tráfico casi nunca es el problema

Cuando una plataforma de tokenización nos pide más inversores, lo primero que miramos no es la pauta: es cuánta gente se registró el mes pasado y cuánta llegó a invertir. En casi todos los casos la diferencia entre esas dos cifras es enorme, y ahí está el dinero, no en la parte de arriba del embudo.

Gastar más en captar cuando el paso de registro a primera inversión está roto es la forma más cara de no crecer. Multiplica el coste por inversor y además quema la audiencia que mejor convertía.

Dónde se cae la gente

Embudo ilustrativo de una plataforma de tokenización: visitas, registro, verificación de identidad y primera inversión; el mayor estrechamiento está en la verificación Visitas Registro Verificación de identidad Primera inversión El escalón que más pierde
Ilustrativo: importa la forma del embudo y dónde se estrecha, no las cifras.
  • La verificación de identidad. Es el escalón que más usuarios pierde y el que menos se mide. Importa el orden de los pasos, cuándo se pide cada documento y qué se le explica a quien está a mitad del proceso.
  • La duda sobre la salida. «¿Y si quiero recuperar mi dinero?» Si esa pregunta no tiene respuesta visible antes del registro, el inversor tradicional no avanza. No es una objeción de copy: es una decisión de producto que hay que contar bien.
  • El primer importe. El mínimo de entrada decide quién prueba y quién no. Se puede medir qué pasa al moverlo, y casi nadie lo hace.
  • El silencio posterior. Entre que alguien se registra y que invierte pasan días o semanas. Lo que ocurra en ese hueco —o lo que no ocurra— determina buena parte del resultado.
  • La segunda inversión. Un inversor que repite vale varias veces uno que entra una vez. Se trabaja con los mismos métodos, y se olvida siempre.

Las dos listas

Trabajamos por separado la captación de volumen y la de capital concentrado, porque no se parecen en nada. La primera son campañas, contenido y comunidad, con cualificación antes de que nadie hable con una persona. La segunda son fondos, family offices e inversores privados: una lista corta, un ciclo largo y una venta que se gana con documentación, histórico y referencias, no con anuncios.

Mezclarlas es el error habitual. El mismo mensaje que convence a alguien de probar con el mínimo hace desconfiar a quien va a poner una cifra seria.

Qué medimos

Coste por inversor que completa su primera operación, no por registro. Tasa de paso de registro a verificación y de verificación a inversión. Importe medio de entrada. Capital que sigue en la plataforma a los noventa días. Y la proporción de capital que llega de cada canal, no la proporción de usuarios.

Esas cifras exigen tener el seguimiento montado antes de lanzar nada. Si no existe, empezamos por ahí: medir mal durante tres meses sale más caro que esperar dos semanas.

Lo que no hacemos

No prometemos captación garantizada ni rentabilidades, y no escribimos nada que insinúe un retorno asegurado. En la Unión Europea el reglamento MiCA regula desde finales de 2024 a los proveedores de servicios de criptoactivos: eso condiciona qué se puede afirmar, a quién se puede dirigir una campaña y qué advertencias hay que incluir. No es un trámite del final: define la campaña desde el primer día.

Tampoco trabajamos con dos plataformas que compitan por el mismo activo y el mismo mercado.

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