Casi 30 bancos prestan 29.600 millones sobre activos que no pueden pignorar ni localizar

29.600 millones sin garantía: el capex de IA pasa a la banca

El 4 de septiembre, Reuters adelantó que ByteDance ha cerrado una línea de crédito de 29.600 millones de dólares con cerca de treinta bancos chinos, estadounidenses, europeos y singapurenses, coordinada por Citigroup y JPMorgan. El objetivo inicial eran 20.000 millones; la demanda de los prestamistas permitió ampliarlo casi un 50%. Plazo: tres años, prorrogables dos. Los bancos chinos suscribieron más del 60%. Y, lo relevante: es un préstamo sin garantías reales.

Una fuente citada por Reuters lo resumió sin adornos: «Es muy raro ver un megapréstamo así sin colateral. Los bancos están contando prácticamente solo con el nombre de ByteDance». El destino declarado es «fines corporativos generales»; el destino real, según las mismas fuentes, son proyectos de IA fuera de China, incluida capacidad de centros de datos en el Sudeste Asiático.

Lo que cambia cuando el capex de IA deja el capital riesgo

Hasta ahora, el ciclo de inversión en IA se ha contado en el idioma del equity: rondas récord, valoraciones, dilución. OpenAI levantó 40.000 millones liderados por SoftBank, que a su vez vendió su participación de 5.830 millones en Nvidia para financiarla. Ese es un circuito cerrado de capital riesgo: el que pierde, pierde su dinero, y la pérdida se queda dentro del perímetro de quien decidió asumirla.

Un préstamo sindicado a tres años con casi treinta entidades es otra cosa. Introduce tres elementos que el equity no tiene: vencimiento, seniority y transmisión. El vencimiento obliga a que exista caja —o mercado de refinanciación— en una fecha concreta, independientemente de si la tesis de la IA se ha validado. La seniority significa que, si algo falla, hay un proceso de recuperación. Y la transmisión implica que el riesgo no se queda en un fondo: se reparte por balances bancarios, se sindica, se cubre, se revende y acaba correlacionado con el resto del sistema de crédito.

El problema es el segundo elemento. En un préstamo sin garantías, la recuperación depende del valor liquidativo del deudor en el peor momento imaginable. ¿Y qué habría que liquidar aquí? No es una autopista ni una planta. Es una combinación de tres cosas incómodas: aceleradores comprados a un proveedor cuyo ciclo de producto los deprecia en 24-36 meses, pesos de modelos cuyo valor de mercado en escenario de estrés es esencialmente cero fuera de la organización que los entrenó, y contratos de cómputo cuyo valor depende de que la contraparte siga existiendo y siga necesitando ese cómputo al precio pactado.

El colateral que no se puede localizar

Aquí está el punto que la cobertura financiera y la geopolítica suelen tratar por separado. El dinero va a infraestructura fuera de China: Sudeste Asiático, capacidad deslocalizada, chips adquiridos donde y como es posible adquirirlos. Esa deslocalización no es logística, es regulatoria. Es la respuesta operativa a los controles de exportación estadounidenses: si no puedes importar el silicio, sitúas la computación donde el silicio ya está permitido.

Lo que eso significa para un prestamista es incómodo. La ubicación física de los activos que sostienen implícitamente el crédito es, precisamente, el instrumento de arbitraje regulatorio. No es un efecto colateral: es el diseño. Y un activo cuya localización responde a una estrategia de evasión normativa es un activo cuyo valor de recuperación no lo fija el balance del deudor, sino decisiones administrativas en Washington y en Pekín. Un cambio de perímetro en las reglas de reexportación, una ampliación de la lista de entidades, una restricción de destino sobre capacidad de cómputo en un tercer país: cualquiera de esas medidas puede convertir un centro de datos operativo en un activo varado, sin que nada haya ocurrido en la cuenta de resultados de ByteDance.

Y la presión no viene solo de un lado. Pekín también está estrechando el cerco: en julio ByteDance retiró los agentes personalizables de Doubao anticipando nuevas restricciones sobre servicios de IA con comportamiento humano, y las autoridades chinas han debatido limitar el acceso extranjero a los modelos domésticos avanzados. Es decir, el mismo Estado cuyos bancos aportan más del 60% del préstamo está considerando medidas que complicarían el plan internacional que el préstamo financia. Riesgo soberano incrustado en las dos direcciones.

La circularidad: Nscale y los ingresos que aún no existen

El mismo día, TechCrunch informaba de que Nscale, proveedor británico de cómputo fundado hace dos años, busca 3.500 millones antes de una salida a bolsa que podría llegar este mismo mes: 1.500 millones en bonos convertibles y 2.000 millones adicionales de Nvidia. Nvidia ya entró en su Serie B de 1.100 millones en marzo, liderada por Aker, tras una Serie A de 155 millones en diciembre de 2024. Es decir: de 155 millones a estructurar 3.500 en menos de dos años.

El dato que conviene mirar despacio es otro. Nscale ha estado comunicando a inversores potenciales una cifra de aproximadamente 103.000 millones de dólares en «ingresos» tras firmar un acuerdo con Anthropic valorado en unos 45.000 millones. Según The Information, esa cifra no son ventas: es una proyección basada en contratos de arrendamiento firmados. Ingresos contratados a futuro presentados como magnitud de escala presente.

Puestas una junto a otra, las dos operaciones dibujan el mecanismo completo. El fabricante de chips financia al operador de cómputo, que firma contratos plurianuales con el laboratorio de modelos, que a su vez se financia con equity de fondos que venden acciones del fabricante de chips para hacerlo. Y por encima, la banca comercial presta a tres años, sin garantías, para construir la capacidad que hará falta si todo lo anterior se cumple. El valor de cada eslabón está respaldado por el compromiso del siguiente, no por flujos de caja realizados.

Esto no se parece a 1999. En 1999 el problema era el equity minorista sobre empresas sin ingresos. Se parece más a la financiación de infraestructuras de mitad de los 2000: apalancamiento a largo plazo contra flujos contratados que aún no se han generado, con la particularidad de que aquí el riesgo regulatorio no es tarifario, es geopolítico.

El precedente que el sector cripto ya vivió

Quien haya estado en cripto en 2021 y 2022 reconoce la estructura. Los préstamos a mineros de bitcoin sí tenían colateral: máquinas identificables, en naves identificables, con jurisdicción clara. Y aun así, la recuperación fue desastrosa, porque el valor del equipo estaba perfectamente correlacionado con el flujo que justificaba el préstamo. Cuando cayó la economía del minado, el colateral no valía porque nadie quería más máquinas para minar. La garantía existía y era irrelevante.

La analogía es útil precisamente porque el caso de la IA es peor en un aspecto y mejor en otro. Peor: aquí ni siquiera hay garantía formal, y la jurisdicción del activo es deliberadamente ambigua. Mejor: ByteDance no es un minero apalancado, es una de las máquinas de generación de caja publicitaria más grandes del mundo. Y eso lleva al contraargumento serio.

Qué desmentiría esta lectura

La interpretación alarmista puede estar equivocada por una razón muy simple: los préstamos sin garantías a grandes corporaciones con flujo de caja abundante son rutina, no anomalía. Las empresas con calificación sólida se financian sin colateral todos los días; pedir garantías a un emisor de primera línea sería inusual, no prudente. El propio ByteDance dijo a los prestamistas que el destino eran fines corporativos generales, y una línea a tres años prorrogable a cinco es estructura de tesorería, no de proyecto. Si el negocio publicitario cubre el servicio de la deuda varias veces, el análisis crediticio no necesita mirar los centros de datos en absoluto: es un préstamo corporativo, no un project finance disfrazado.

Hay más indicios que apuntarían en esa dirección. La ampliación de 20.000 a 29.600 millones por exceso de demanda sugiere que los comités de riesgo de treinta entidades vieron algo que les gustó, no que se dejaron arrastrar. Que Citigroup y JPMorgan coordinen implica escrutinio de suscripción occidental sobre un prestatario chino. Y la reasignación del ahorro chino desde el inmobiliario hacia otros activos —el trasfondo que describe The Economist— explica por qué los bancos chinos tienen apetito por exposición corporativa de calidad: hay que colocar el balance en algún sitio, y el ladrillo dejó de ser ese sitio.

Lo que desmentiría la tesis, en concreto: que el diferencial de la operación se conozca y esté en línea con crédito corporativo investment grade, que ByteDance publique cobertura de intereses holgada, que la salida a bolsa de Nscale se coloque a precio y sus arrendamientos empiecen a convertirse en caja cobrada. Lo que la confirmaría: que la siguiente ronda de megapréstamos al sector exija colateral explícito sobre GPU y contratos —señal de que los bancos han dejado de fiarse del nombre—, que aparezcan estructuras de seguro de crédito para repartir esta exposición, o que un cambio en los controles de exportación deje capacidad instalada sin utilidad legal.

Qué hacer con esto si construyes o inviertes

La consecuencia práctica no es «cuidado con la burbuja». Es que el contrato de cómputo se ha convertido en un instrumento de crédito, y quien lo firma está emitiendo, de facto, deuda a largo plazo sin llamarlo así. Si tu producto depende de capacidad reservada a varios años, ese compromiso ya está funcionando como colateral en el balance de otro y como línea de ingresos proyectados en la presentación de un tercero. Antes de firmar plazos largos por descuento de precio, conviene saber si tu proveedor está usando tu firma para levantar deuda, y qué pasa con tu capacidad si esa deuda se tensiona.

Para quien invierte, la implicación es de diligencia: distinguir entre ingresos cobrados, ingresos facturados e ingresos contratados dejó de ser pedantería contable el día en que una compañía preIPO comunica una cifra de 103.000 millones que es una proyección de arrendamientos. Y añadir una pregunta que casi nadie hace en un memorándum de inversión en IA: ¿en qué jurisdicción están físicamente los chips, y qué decisión administrativa —de qué gobierno— convertiría ese activo en irrecuperable? Mientras el precio del cómputo se fije por contratos plurianuales y el silicio se sitúe donde la norma lo permite, esa pregunta vale más que cualquier proyección de crecimiento de tokens.

Un último apunte de contexto: The Economist recordaba esta semana que los booms de salidas a bolsa suelen anticipar problemas de mercado. Nscale saldría en pleno auge, con Nvidia financiando simultáneamente la ronda previa. No es un mal negocio por sí mismo. Pero cuando el proveedor financia al cliente que le compra, la señal de precio deja de ser información y pasa a ser contabilidad interna del sector.

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